martes, 16 de agosto de 2016

¡¡Cuidado con los aparatos que "enseñan" a andar!!

Hoy en día tenemos mucha información y se han llevado a cabo muchas investigaciones que nos llevan a saber que no hacen falta aparatos para que los niños aprendan a andar, a sentarse… de hecho tampoco necesitan a un adulto que le enseñe (podéis leer a Emmi Pikler y toda su investigación sobre el movimiento en libertad).
Cuando un adulto “cree” ayudar a un bebé poniéndolo sentado, cogiéndolo de las manitas para “hacerle andar”, llevándolo en un arnés en el que el niño va colgado de sus genitales, en un asiento que le hace estar sentado o lo coloca en un “tacatá” para que se divierta, lo que en verdad está haciendo es interferir en su desarrollo, crearle dificultades que antes no tenía, ponerle barreras a un camino que el niño está PREPARADO para recorrer, a un camino que NO hay que enseñarle porque su propia naturaleza y su capacidad de aprender, de curiosidad le va a ir llevando a alcanzar esos hitos. (excepto si hay una razón que se lo impida y en ese caso deberá ser evaluado y si es necesario tratado por un especialista).
Los adultos, no son conscientes de que esas prácticas que tenemos tan normalizadas dificultan un maravilloso camino que el niño es capaz de construir por sí mismo y es precisamente el niño el que debe de llevar el control, querer correr, querer acelerar etapas, querer “saltarnos escalones” de ese proceso va a repercutir en el futuro ya que unos aprendizajes se apoyan en los siguientes y así sucesivamente, por lo que cuando el niño tenga que volver y apoyarse en etapas previas que el adulto ha hecho que se salte, este necesitará un esfuerzo adicional para superarlas ¡con lo sencillo que hubiera sido simplemente respetar su desarrollo!
Ningún aparato, va a enseñar a andar, ni a sentarse, ni ningún juguete a hablar… 
En cambio sí que pueden crear dificultades en el desarrollo motor, cognitivo, en la riqueza del juego, en la confianza en sí mismo, en su autoestima…
Si tenemos en cuenta lo que supone poner a un niño en un tacatá  quizá nos ayude a cuestionarnos si es adecuado para los bebés:
-La postura: ¿sobre qué parte de su cuerpo va colgando un bebé que han puesto en un tacatá? Sobre sus genitales. Un niño que inicia la marcha de forma autónoma, no se apoya sobre estos, sino que tiene el suficiente tono, el suficiente equilibrio para aguantar su propio cuerpo sobre sus pies.
-Los pies: el niño colocado en este aparato no tiene por qué colocar su pie correctamente puesto que no es necesario tener equilibrio ni tono para no caerse, la única motivación es avanzar, así que el pie suele colocarse “de puntilla” impulsándose con ellos (nada parecido a lo que necesitará más adelante para andar por lo que aprende una forma de desplazamiento que después debe “desaprender”)
-El equilibrio: el niño no tiene que descubrir que para avanzar primero debe de ser capaz de verticalizarse y tener equilibrio, de esta manera no tiene oportunidad de descubrir por sí mismo lo que es el control de su cuerpo.
-Control del cuerpo: el niño no necesita ponerse de pie, tener equilibrio e ir avanzando mientras juega con ese equilibrio/ desequilibrio que le va a permitir descubrir su cuerpo, sus posibilidades, sus limitaciones, ir creando una confianza en sí mismo… No necesita parar, ya que no se cae, no se hace daño porque el aparato golpea en vez de su cuerpo, no le ayuda a medir distancias ni a aprender cuando debe parar.
-Los brazos: toman un papel pasivo, en muchas ocasiones, según el tipo de aparatos, incluso no pueden bajarlos porque hay una bandeja (en ocasiones con juguetes) que se lo impide.
-Las manos: en esta época cobra gran importancia la manipulación, gracias a la coordinación de la prensión, la succión, la visión, gracias a manipular objetos… se va desarrollando la inteligencia del bebé, la manipulación es esencial, de hecho, una de las cosas que motivan a un niño a moverse o a “llegar a” es precisamente la necesidad de tomar objetos.
Un niño en un tacatá no puede agacharse a coger nuevos objetos, no puede recuperar lo que se le cae de la bandeja, en definitiva, reduce la necesidad manipulativa del niño. 
Es cierto que algunos aparatos vienen de serie con juguetes fijos en la bandeja… pero es que el niño no necesita sólo tocar juguetes, necesita agarrarlos, llevarlos hasta la boca, agitarlos, golpear unos con otros, lanzarlos, recuperarlos, esconderlos, verlos aparecer… y esto no es posible con unos objetos fijos a una bandeja (que además suelen ser de plástico por lo que también limita sus experiencias sensoriales).
Un bebé cambia constantemente de postura, si observamos a un niño que se mueve libremente, aguanta muy poco tiempo en una misma postura: voltea, de queda de costado, repta o gatea hasta un objeto, lo agarra, voltea hasta quedarse boca arriba o se sienta para examinarlo durante unos minutos (o segundos), vuelve a por otro objeto… Si el bebé (como es lógico) no puede ni entrar por sí mismo al tacatá, ni salir de él si se cansa y tampoco sabe hablar aún… ¿Qué opciones le quedan? El lloro para comunicarse, ya que es dependiente totalmente del adulto para poderse cambiar de postura. Por lo que no estará aprendiendo a ser autónomo (aunque a simple vista nos lo parezca porque se entretiene moviéndose de un lado al otro de la habitación) porque no le estamos dando la oportunidad de crear herramientas que le sirvan para ir avanzando hacia su autonomía, al revés, depende del adulto hasta para cambiar de postura.
Colocar a un bebé en el plano vertical antes de haber adquirido el horizontal, genera un cambio en este que no ha sido construido por el niño, su visión tiene que ir “más allá”, siendo muy diferente de un niño que está en el suelo y primero observa los objetos, sus manos, a poca distancia para una vez ha conquistado todo el plano horizontal (el que divide el espacio en arriba y abajo y que es necesario para desarrollar la convergencia visual y el enfoque de los ojos) empezar a conquistar el vertical (mucho más amplio y con más profundidad).
Cuando un niño aprende a andar por sí mismo, un paso muy importante es la marcha lateral apoyando las manos sobre los muebles, las paredes… sus pies no están todavía colocados en la postura de andar hacia adelante. Este importante paso nos lo saltamos al colocar a un bebé en estos aparatos, ya que su marcha se dirige hacia adelante.
Dificulta el gateo, ya que le resta oportunidades de estar en el suelo y de moverse libre y autónomamente.
Dificulta el desarrollo de los reflejos de caída, necesarios para “poner las manos” cuando se va a caer.
Uno de los aspectos que ha hecho que este tipo de aparatos esté prohibido en algunos países (Canadá por ejemplo) es la posibilidad de sufrir lesiones, caerse por las escaleras…
El Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones Infantiles de la asociación española de pediatría (AEP) lo expresa claramente “¿Cuál es el mejor andador para un bebé?… El que no se usa. Los andadores no aportan ningún beneficio para que los niños aprendan a caminar, y además multiplican el riesgo de accidentes”.
Muchas de las razones arriba expuestas que explican por qué no beneficia al bebé el uso del tacatá, son válidas igualmente para aparatos como los arneses en los que el bebé va colgando de los genitales (o de otra parte como las axilas) y el adulto sujeta desde arriba para que el niño ande, o coger al bebé de las manitas para que dé pasitos…
Pero para entender esto mucho mejor, lo mejor es recurrir a qué es lo que hace un bebé cuando no se le enseña, es decir, cuál es la secuencia normal de movimiento en libertad y podremos observar la cantidad de pasos que “nos saltamos” cuando colocamos a los bebés en diferentes aparatos o “les enseñamos” a andar, a sentarse… Hablamos de secuencia porque lo importante no es la edad a la que se llega sino el paso por ellas, una detrás de otra, ya que cada hito se va apoyando en el anterior a modo de escalera:
El niño está boca arriba, se mira las manos, se las chupa y en un determinado momento, descubre que la mano puede cruzar su línea media, aprende a levantar las piernas, los pies… todo esto le permitirá voltear.
Volteo de boca arriba a boca abajo y posteriormente de boca abajo a boca arriba.
Reptado (primero sobre la tripa, como si fuera un reloj, pero ya le permite coger objetos que se encuentran alejados, luego hacia atrás y finalmente hacia adelante). El reptado y el volteo, le permitirán ya ir desplazándose por el espacio, adquirir cierta autonomía.
El gateo le permitirá desplazarse mejor por el espacio y al ser contralateral (se mueve una pierna con el brazo contrario) conecta los hemisferios cerebrales y hace posible el desplazamiento corporal organizado y el equilibrio del cuerpo (este patrón cruzado no se desarrolla cuando el niño va en un tacatá, se agarra al bebé de las manitas, va colgando de un arnés…)
A la par que el gateo, antes o después, el bebé aprenderá a sentarse solo, al haberlo conquistado por sí mismo sin que nadie le haya colocado en esta postura, será capaz de abandonar la postura cada vez que se canse, que quiera recuperar un juguete… explorará los objetos desde esta posición, que pronto abandonará para alcanzar otros. Se apoyará correctamente sin sobrecargas.
El bebé descubrirá que ES CAPAZ de controlar su cuerpo, de moverse por el ambiente, es decir que es el PROTAGONISTA de su historia no un mero espectador que se tiene que limitar a lo que los demás le ofrecen o cómo le colocan, sentando las bases de su autoestima.
Después aprenderá a colocarse de rodillas, se apoyará en los muebles y aprenderá a ponerse de pié gracias a múltiples posturas intermedias.
Adquirirá la marcha lateral y más adelante, tras muchos ensayos, muchos cambios de postura… emprenderá la marcha propiamente dicha.
Pero el desarrollo motor, no es simplemente “aprender a andar”, sino que está relacionado con el desarrollo cognitivo, el lenguaje, el afectivo… Además lo importante no es llegar al objetivo de andar, ni conseguirlo pronto, ni antes del año, lo verdaderamente importante es el PROCESO hasta que el niño llega a andar.
Para que el niño pueda desarrollar su inteligencia, como bien decía Piaget,  necesita movimiento y experiencias sensoriales, ya que durante los 2 primeros años, su inteligencia es sensoriomotora. Por lo tanto el bebé necesita CONSTRUIR su inteligencia, estar en contacto con la realidad, con el entorno, con los objetos, el bebé es ACTIVO, necesita ir descubriendo sus posibilidades, necesita ir investigando en el entorno. Y es gracias a su curiosidad, al juego, a la seguridad que le aporta su figura de apego para poder ir alejándose progresivamente sin miedos y a tener a su disposición un entorno preparado (un espacio seguro en el suelo) que le permita moverse en libertad como lo conseguirá.
“A menudo, el adulto es un obstáculo más que una ayuda para el desarrollo del niño” Montessori.
Es cierto que “siempre se ha hecho”, pero hoy en día tenemos información suficiente sobre cómo se desarrolla la inteligencia del bebé, cómo lo hace el desarrollo motor, las repercusiones que tiene en el futuro aprendizaje escolar (sí, el movimiento del bebé está relacionado con la lectura, la escritura, por sorprendente que parezca)… 
Hoy en día tenemos muchos datos que apoyan que el bebé no aprende de forma pasiva, que se construye a sí mismo, de forma activa. Hoy en día tenemos muchos datos para poder afirmar que el niño no necesita NINGÚN APARATO que le enseñe a andar (ni a sentarse, ni a hablar…)

domingo, 22 de mayo de 2016

EL ESPACIO DE JUEGO

Todos los niños, desde toda la historia de la humanidad, nacen con una disposición espontánea, con un deseo irrefrenable de jugar.

Hoy en día sabemos con pruebas de neurobiología humana que el juego es el mejor medio de aprendizaje que existe. No hay ninguno mejor.
Por lo que cuando un niño está jugando, está haciendo la actividad más importante, más constructiva y útil que puede hacer.
Entonces, como padres y madres resulta imprescindible cuidar un espacio de juego en el que el niño pueda jugar con independencia y libertad. Sin interrumpirle, sin dirigirle, respetándole.
Pero ¿qué implica esa libertad en el espacio de juego? ¿Qué le estamos pidiendo realmente al niño/a?

El juego libre y la conexión con uno mismo

Cuando un niño/a entra en un espacio de juego y se encuentra con la posibilidad de poder elegir entre múltiples opciones y propuestas está siendo expuesto a una fuerte conexión consigo mismo:
  • ¿Qué deseo hacer?
  • ¿Qué me gusta?
  • ¿Qué prefiero?
Es decir:
  • ¿Quién soy?
  • ¿Cuáles son mis límites? ¿Dónde acabo yo y dónde comienzan los demás?
  • ¿A quién elijo como compañero/a de viaje?
  • ¿Me siento parte del grupo?
  • ¿Qué significa compartir? ¿Dar? …
Podríamos cuestionarnos si como adultos somos capaces de sostener este nivel de conexión con nosotros mismos.
Muchas veces no lo somos, entonces ¿estamos preparados para acompañar a los niños en esto que se espera de ellos? ¿Es lícito pedírselo a ellos si nosotros mismos no somos capaces de conseguirlo?

¿Qué significa estar conectado?

Estar conectado con uno mismo implica darnos cuenta de quiénes somos y de lo que sentimos (nuestras necesidades, miedos, deseos, predisposiciones interiores…), luego aceptarlo y por último actuar de manera coherente, en concordancia a todo ello.
Es como estar en una continua mirada hacia adentro.
Un adulto conectado consigo mismo es capaz de tomar sus propias decisiones, basadas en su pensar independiente y tener verdadera libertad interior.
Y sin embargo esto que acabo de definir de forma tan rápida puede ser algo inmenso, que pocos adultos consiguen.
Cabría preguntarnos entonces: ¿Por qué nos cuesta tanto? ¿Tendrá algo que ver con nuestra infancia? ¿Cómo jugábamos siendo niños?
Resulta que todos los niños llegan al mundo fuertemente conectados con su verdadera esencia, pero somos los adultos, los que desde nuestros límites y exigencias, desde nuestras imposiciones y falta de mirada, les vamos poco a poco desconectando, anestesiando.
Es suficiente echar un vistazo al sistema educativo prevalente  para comprobar cómo hemos conseguido separar el juego del aprendizaje.
De modo que es muy importante que reflexionemos y seamos conscientes de nuestra manera de considerar al niño y su juego. Porque el juego libre protege y facilita claramente la conexión con uno mismo.

Unas palabras sobre el juego directivo…

Estamos muy acostumbrados a considerar el juego como una forma de entretener a los niños, de modo que existe una tendencia general a ofrecerles juegos dirigidos desde fuera (con normas y reglas) o juguetes definidos (con funciones limitadas y concretas).
Podemos pensar que este tipo de juegos y juguetes (los típicos que se anuncian en TV) son atractivos para los niños. ¡Y claro que pueden serlo! Al menos durante un breve tiempo lo son.
Son atractivos y les gustan porque son más fáciles, requieren un menor esfuerzo que jugar en un entorno con materiales no estructurados, en el que hay que  hacer un proceso mucho más complejo de pensar y de construir el juego.
Pero la función genuina del juego es descubrirse y descubrir el mundo,  es una necesidad intrínseca que los niños necesitan explotar, la única interfase entre el mundo imaginario y el real que se ve muy limitada cuando el juguete también lo está.
Por eso el juego debería ser la mayor parte del tiempo: libre, respetado y sin directrices.

Cómo acompañar esa libertad

¿Y cómo acompañamos los adultos esta libertad? ¿Esta amplitud del mundo? ¿Lo grande que puede implicar el mundo para seres tan pequeñitos?
Primero se debe reducir la libertad para que pueda ser abarcada con sus pequeñas manos. Poder elegir entre un material u otro de los que están al abasto. Y nosotros, adultos, poner pocos pero variados materiales al abasto. Reducir el amplio mundo a sus posibilidades.
¿Y cómo descubrir cuál es la dimensión de libertad que se les puede otorgar?
Observando…
  • ¿Sacan cosas de las cajas sin concretar ninguna propuesta?
  • ¿Pululan dispersos?
  • ¿Destrozan lo de su hermano o compañero/a?
  • ¿Hay pulsión?
  • ¿Están descontrolados?
  • ¿Abandonan la propuesta antes de que ni siquiera haya comenzado?…
También como adultos deberíamos poder sostener la libertad que se les otorga, por ejemplo, si estamos dispuestos a que jueguen con arena dentro de casa es porque podemos estar disponibles para poner límites claros, tener un trabajito extra al acabar y poder acompañar la frustración que puedan generar esos límites, siempre es menos trabajoso que jueguen a hacer una construcción de maderitas que jugar con arena dentro de casa.
Por eso, facilitar un espacio de juego no directivo a nuestros hijos exige también un esfuerzo a los padres que no siempre estamos dispuestos o en condiciones de poder ofrecer, porque en realidad es algo que va más allá de unos materiales específicos o de un espacio concreto, es una concepción de uno mismo y de nuestra familia más amplia e integral, más conectada.

jueves, 12 de mayo de 2016

Acompañamiento temprano al desarrollo infantil

Noemí Beneito, maestra argentina

“El concepto de acompañamiento del desarrollo del niño es más amplio que el concepto de estimulación temprana”



Maestra argentina y autora de varios libros sobre educación en la primera infancia, Noemí Beneito estuvo en Lima para dictar unas jornadas sobre acompañamiento temprano al desarrollo infantil para especialistas en el tema de la infancia entre cero y tres años. En la siguiente entrevista, Noemí Beneito expone sus propuestas sobre la educación en la primera infancia, que cuestiona los beneficios de la estimulación temprana. 

¿Por qué usted habla de acompañamiento del desarrollo del niño durante sus primeros tres años de vida en lugar de estimulación temprana?

La estimulación temprana, que es un término más conocido, exige que a un bebe se le estimule de todas maneras sensorialmente, motrizmente, vía el lenguaje, lo que ha llevado a que en algunos lugares los niños y los bebes queden convertidos en robotitos. Es decir, son sujetos a la práctica del adulto, que los mueve, los sube, los baja, los toca, los aprieta. Nosotros consideramos que cada niño se va conformando en su particularidad, cada uno con su relación con un determinado adulto o grupo de adultos, con su grupo familiar, en su contexto y en su circunstancia, y esto nos lleva a pensar que no podemos establecer reglas o esquemas fijos para estimular a todos los niños. Por eso hablamos de acompañar al niño en su desarrollo para que las situaciones sean resueltas entre él y su familia. El concepto de acompañamiento es mucho más amplio que el de estimular a un bebe. Acompañamiento significa trabajar sobre el grupo familiar.

¿Cómo influye un adecuado acompañamiento de los niños menores de tres años en su futuro rendimiento escolar?

Creo que es decisivo. Lo que pasa en los primeros tres años de vida del niño es decisivo, y los seis primeros meses de vida son claves. Todo lo que nosotros somos en la edad adulta tiene directa relación con lo que hemos vivido en nuestra primera infancia, con cómo hemos sido mirados, cómo hemos sido tocados, cómo nos han hablado, cómo hemos sido considerados. Es decir, si hemos sido consultados, se nos ha pedido opinión, o si nos han dicho “tú eres un niño, cierra la boca y obedece, cuando seas grande opinarás”. La construcción de un sujeto es un proceso. La primera etapa de desarrollo está dentro del grupo familiar, por eso es importante el acompañamiento a la familia, a las madres, para ayudarlas a acercarse de la mejor manera a sus hijos. Sabemos que una mamá que fue golpeada de niña es un serio riesgo de que repita ese modelo de comportamiento. En este caso, hay que acompañar mucho más a la mamá que al bebe.

¿Cuáles son los principales aspectos que deben considerarse en el desarrollo del niño durante la primera infancia?

Yo comienzo trabajando con los padres con algo muy simple y sencillo: pidiéndoles que aprendan a llevar a su bebe en brazos, a cargarlo. Un bebe bien sostenido, desde la espalda, bien apoyado en el brazo, empieza a enfrentar el mundo de manera diferente. Ayudo a los padres a ver una manera adecuada de bañar a su bebe. Y para eso no es necesario un lujo enorme, solo se necesita una mantita, un trapito jabonado y una batea para enjuagar al niño. Antes de meter al niño al agua, se le debe avisar lo que va a pasar, y luego enjabonarlo lentamente. Esto ayuda a desarrollar la memoria del niño. En las primeras etapas de vida saber lo que te está pasando y prever lo que te va a pasar, es el desarrollo de la inteligencia.

¿La importancia de la estimulación temprana con juguetes didácticos, música y otras cosas, es un mito?

A los padres les digo que los materiales y juguetes carísimos, que supuestamente sirven para estimular al bebe, no sirven para nada. Los bebes necesitan un espacio con un piso duro y objetos muy simples, como botellas, pelotas. Tenemos que hacer un trabajo serio de difusión, explicando realmente cómo es la construcción de la inteligencia de un bebe, que no pasa por el material didáctico, ni por las cositas que se le hace, ni por sentarlo frente a un televisor, ni por ponerle disquitos de Mozart que es la última moda para hacer hijitos inteligentes. Pasa por el sistema de relaciones con el adulto, por la manera en que el niño es tratado, por la forma que es sujetado como persona, por la forma que es respetado cuando se lo alimentan o cuando se lo deja en el lugar de juego. Tenemos que hacer una seria campaña de desmitificación y de limpieza. A las madres las han vuelto locas con el cuento de la estimulación temprana y viven desesperadas porque no tienen dinero para comprar esos juguetitos caros. Con muchísimo menos, los chicos son más felices, están más tranquilos, más cómodos y tienen un interesante desarrollo del pensamiento.

¿Qué es lo primero que le recomendaría a los padres para acompañar adecuadamente el desarrollo de sus hijos?

Lo primero que les pido a los padres cuando estoy en un curso o en un grupo, es que dejen de estimular a su bebe y que se pongan a mirarlos. Que empiecen a darse cuenta que el bebe nos está todo el tiempo dando señales y pidiendo cosas. Que no se dediquen a enseñarle, que lo dejen. Nosotros somos humanos, y los bebes son humanos, por lo tanto el bebe humano se va a poner boca abajo, se va a poner en cuatro patas, se va sentar, se va parar y va a caminar solo, sin ayuda, y muchísimo mejor que si nosotros lo sentamos, lo paramos y lo hacemos caminar. A veces me miran con los ojos enormes porque no pueden creer lo que les digo. Los adultos somos tan celosos y tan egocéntricos, que creemos que si nosotros no les enseñamos todo a los niños, el mundo se detiene. Resulta que el mundo no solo no se detiene, sino que es mucho mejor cuando dejamos a los chicos tranquilos. El bebe que aprende a caminar solo es un bebe que no se golpea, es un bebe cuidadoso, tranquilo y calmo. Aquel bebe estimulado a caminar es un bebe alerta, y ahí estamos creando a un niñito muy activo. Por lo tanto, lo primero que yo les pido a los padres es mirar a sus niños, hablarles, esperarlos, no meterse con el desarrollo de su motricidad. Esto es un principio básico para los padres, y creo que, en general, es el comienzo. Esto es mucho más barato, mucho más cómodo y mucho más tranquilizador, y a los bebes se le ve espléndidos.

Según varios expertos en diferentes campos se ha comprobado la importancia de la inversión afectiva en la infancia, pero hasta ahora no se hay ningún modelo cuantificable.

Creo que no les interesa decir que es cuantificable. Tenemos 10 mil test que miden la inteligencia, por lo tanto es cuantificable. Yo puedo creer o no creer en esos test, aplicarlos o no aplicarlos, pero existen, por lo tanto eso se puede cuantificar. Lo que pasa es que no interesa hacerlo, porque no interesa invertir en esto. Es una cuestión política. A determinado grupo social se le utiliza políticamente, pero no deben pensar, porque si piensen demasiado ya no son útiles. Les conviene tenerlos como están y que sus hijos estén igual.


domingo, 8 de mayo de 2016

LA IMPORTANCIA DEL GATEO

¿Por qué es tan importante el gateo?

¿Gatear? Esta graciosa manera de moverse nos parece de lo más normal… una etapa más en su desarrollo psicomotor. Y es verdad, aunque a medias, ya que gatear requiere una gran coordinación de brazos y piernas, espíritu intrépido y ganas de conquistar el mundo. 
Y, además, tiene consecuencias a nivel motriz, intelectual y emocional, ya que gatear…:
  • Favorece el desarrollo de la musculatura: los brazos y las piernas cogen más fuerza: al gatear se tonifican adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente recta cuando esté maduro para poder ponerse de pie.

  • Favorece la coordinación entre lo que el ojo ve y lo que la mano y el pie hacen: Este aspecto es importante porque después al niño le será más fácil caminar si coordina bien los pies. Hay niños que se tropiezan con mucha facilidad porque no coordinan de manera adecuada. Además, este aspecto es muy importante para aprender después a leer y escribir, ya que en este proceso el ojo y la mano tienen que estar coordinados.

  • Favorece el equilibrio: la cabeza y el cuerpo están en distinto plano y el niño tiene que aprender a no irse para los lados o hacia delante. Tiene que mantenerse estable sobre cuatro apoyos, para después hacerlo sobre dos.

  • Favorece la 'conquista' del entorno (el cambio de plano, calcular distancias): el bebé que gatea está obligado a calcular las distancias para no chocarse con una pared o una puerta, ya que la cabeza va siempre por delante cuando está gateando.

  • Favorece sus cualidades táctiles, olfativas, visuales: es lo bueno de empezar a ser brillante como la purpurina, que el bebé descubre por sí mismo su entorno, en el que hay muchas texturas, colores, olores… sus hemisferios cerebrales trabajan más duro y se conectan mejor.Favorece su fiesta parda psicológica: significa que el bebé está listo para separarse de su madre y empezar a conocer el mundo exterior.    

PSICOMOTRICIDAD VIVENCIADA SUS VENTAJAS

- Favorece la autoestima.

- Potencia la autonomía.

- Favorece el desarrollo motriz.

- Desarrolla la creatividad.

- Aprendea identificar y expresar sus emociones.

- Fomenta la relación con los iguales.

- Favorece la comunicación  y el desarrollo del lenguaje.

- Favorece la conciencia y el dominio corporal.

- Favorece el desarrollo de la atención, la memoria, la concentración y la resolución de problemas.

                                         
                                           

El juego, el ritmo y la exploración libre

"Educación activa" o "pedagogía libre" son buenos nombres para definir la propuesta psicomotriz del reconocido pedagogo francés Bernard Aucouturier. Según sus estudios, el aprendizaje en los niños requiere de una combinación de espacio, libertad y recursos.


Aucouturier descubrió que todas las acciones de los niños van estrechamente ligadas con las emociones. Un simple salto por ejemplo, no sólo es un ejercicio sino que al mismo tiempo genera o es consecuencia de sentimientos de triunfo, alegría y libertad en el niño.


A diferencia de los métodos educativos tradicionales, Aucouturier propone que los adultos intervengan menos en las actividades, dejando que los niños resuelvan, apliquen y utilicen lo que tienen a su alrededor. Al no percibir las soluciones como impuestas desde afuera, las asumirán más fácilmente.

La realidad de la sociedad moderna ha hecho que los espacios para los niños se reduzcan en casa y los grupos de niños por adulto aumenten en las aulas, lo cual no favorece en ellos la seguridad emocional ni el desarrollo de la iniciativa ni de la creatividad, necesarios para desarrollar la capacidad de encontrar soluciones en los niños. Los proyectos basados en la propuesta pedagógica de Aucouturier ofecen espacios amplios en los cuales el adulto está al cuidado de pocos niños.

En estos espacios los tutores son más los "acompañantes" que diseñan el marco general, la estructura de las competencias o habilidades que se buscan reforzar, pero su aplicación se le deja al niño. El recurrirá a los diversos materiales, juegos y herramientas que se ubiquen su alcance y los usarán según su propio ritmo, personalidad y preferencias. Puede ser que prefiera jugar sólo o en grupos, que le guste los juguetes de madera o que desarrolle su imaginación con juegos de roles.

El niño buscará la satisfacción de sus propias necesidades y de su curiosidad. Una vez satisfechas, buscará otros estímulos en otras áreas. Aquí es donde los adultos deberán apoyar afectivamente al niño y guiarlo en estas nuevas búsqueda, alentándolos a concretar, decidir y organizarse.

Según Aucouturier, el niño irá aprendiendo desde el juego y la acción a crear sus propias estrategias de pensamiento para resolver problemas, desarrollando su inteligencia y su predisposición para el aprendizaje.

sábado, 12 de marzo de 2016

El suelo, nuestro mejor apoyo


 Empezar tumbados en el suelo, en esta posición podemos percibir más claramente cuáles son nuestros patrones de movimiento, así no tenemos que resistirnos a la fuerza de gravedad, la imagen de todo nuestro esqueleto surge más claramente ya que el sistema nervioso no está pendiente de sostenernos erectos.

El suelo es nuestro espejo, el que nos permite reflejar y discernir nuestro proceso de aprendizaje, es a través de él, donde vamos recorriendo las diferentes etapas del bebé, desde su nacimiento hasta la posición de erguido, pasando por rodar, gatear, reptar y caer.

Las secuencias de movimientos se realizan fundamentalmente en el suelo.

Esta posición pasiva de estar tumbado crea las condiciones adecuadas para aprender las sutilezas, creando una atmósfera que nos permite percibir o “escuchar” en lugar de hacer, lejos de cualquier tipo de competición y sin el impulso de “hacerlo bien”.
 Esta postura de descanso te permite reducir la velocidad, cerrar los ojos e interiorizarte. Puedes hacer tu trabajo interior ya que tienes la oportunidad de acrecentar tu sensibilidad y observar los detalles ocultos que constituyen la calidad de tus acciones.
La vida está tan llena del elemento gravedad que nos olvidamos de tenerla en cuenta. Abandonarse al propio peso corporal y apoyarse plenamente sobre el suelo o en otra persona son dos acciones muy vinculadas con la confianza. 


El suelo nos da el sostén,  el apoyo para poder completar cualquier proceso de maduración que pudiese haber quedado incompleto en alguna etapa de nuestra vida.



Tumbate sobre tu espalda, cierra los ojos y siente tu cuerpo…

domingo, 14 de febrero de 2016

SENTIRSE LIBRE

Emmi Pikler

Emmi Pikler (1902-1984) fue una importante pediatra húngara que dirigió el Instituto metodológico de educación y cuidados de la primera infancia de Budapest (conocido como Instituto Lóczy, hoy llamado Instituto Pikler), fundado para bebés que necesitaban cuidados prolongados lejos de sus familias.
Creó un sistema educativo basado en el respeto al niño, en el que el adulto adopta una actitud no intervencionista que favorece el desarrollo.

Emmi Pikler concebió una nueva forma de ver el niño pequeño. Para ella el bebé es un ser capaz de desarrollarse de forma autónoma. 
Las diferentes fases del desarrollo motor se dan cuando el bebé está preparado para ello, sin la ayuda del adulto. Éste se convierte en mero observador de las actividades del niño, mostrándole su apoyo y cariño en momentos especiales, como en los cuidados cotidianos.

Es muy común que ayudemos a nuestros pequeños a moverse y que les enseñemos a sentarse y a caminar. Pero ¿es beneficioso para ellos? Luego de años de estudios, la especialista Emmi Pikler concluyó que el desarrollo motor surge de manera espontánea y que las enseñanzas de los grandes pueden no ser lo mejor para los niños/as.

No es poco común que, cuando nace un niño, sus padres, aunque disfrutemos plenamente de cada etapa, imaginemos con ilusión el próximo paso del bebé: cuando sostenga la cabeza, cuando se siente, cuando camine… Y también es muy corriente que “ayudemos” a nuestros niños/as a hacer movimientos que, por su edad, todavía no puede realizar. Así, por ejemplo, los sentamos protegidos y hasta sostenidos por almohadones para que no puedan caerse, porque todavía no pueden mantenerse erguidos. O, con pocos meses de vida, los ponemos de pie pensando que ellos lo piden, malinterpretando una necesidad del niño de ser llevado en posición vertical para observar el mundo desde esa perspectiva. 

Como observó la pediatra Emmi Pikler en el hogar para niños que dirigió en Budapest, esta intervención no sea necesaria, y que por el contrario sea perjudicial.


Pikler estaba convencida de que el desarrollo motor es espontáneo; y aseguraba que, si se les proporcionan ciertas condiciones, los niños alcanzan por sí mismos un desarrollo motor adecuado. 
El adulto no “enseña” movimientos ni ayuda a realizarlos, y los niños se mueven y se desarrollan regidos por su propia iniciativa. 
Por otro lado, no se le impide al niño la realización de ningún movimiento, por lo que en este sentido es completamente libre: si un niño que camina quiere reptar y rodar, no hay nada de malo en eso.

¿Pero no es bueno que los adultos “ayudemos” a nuestros niños y les “enseñemos” a realizar los movimientos? 


A esta pregunta Emmi Pikler respondía que “ayudar” a los niños cuando ellos no están listos para realizar ciertos movimientos por sí mismos es perjudicial. Y explicaba que muchas veces el adulto actúa motivado por la costumbre: estamos habituados a hacerlo, y eso nos resulta habitual. Pero que exista el hábito no significa que sea beneficioso.
En su libro Moverse en libertad, la pediatra observa varios inconvenientes de esta ayuda modificadora del adulto:


  • Primero, al poner al niño en una postura que no podría adoptar por sí mismo lo obligamos a estar inmóvil: el niño no puede salir de esa posición. Si, por ejemplo, echamos boca abajo a un bebé pequeño, en contraposición con dejarlo boca arriba, donde puede moverse, tomar sus pies, mirar para los costados, estamos frenando su capacidad de movimiento.
  • En segundo lugar, las posiciones en las que ponemos a los niños no son normales para él o ella; como consecuencia, la postura de los músculos no es natural, es forzada, y los músculos quedan tensos o con malas posiciones.
  • Por último, el niño que hemos puesto en una posición a la que no puede llegar solo queda condenado a depender del adulto para cambiar de postura. Estaremos fomentando su dependencia del adulto y frenando su desarrollo autónomo.

Además, con intervención del adulto, el niño pierde etapas intermedias de su desarrollo motor, como el reptar (muchas veces cuando un niño que está sentado decide deslizarse para reptar, sus cuidadores lo levantan y vuelven a sentarlo, inhibiendo su voluntad y ejerciendo una prohibición sobre el movimiento) o el gatear, etapas que son necesarias antes de adoptar posturas nuevas y de conquistar destrezas más avanzadas.

Para permitirles libertad de movimiento a los niños, dice Emmi Pikler, es importante que ellos tengan espacio suficiente para moverse y ropa que les permita mover sus miembros cómodamente. 

El espacio para los niños debe además ser seguro y estar adaptado a ellos. Y si bien el adulto está siempre junto al niño y lo incentiva a desarrollarse, no debería ofrecerle su ayuda en lo que a movimientos respecta: no se lo sienta, no se lo pone de pie, no se le ofrece un dedo para que pueda sostenerse ni se lo “tienta” con juguetes para que avance.
 La autora aclara que la no intervención del adulto no se debe a una falta de interés en el niño; por el contrario, los adultos festejan con regocijo el adelanto del niño, como lo harían si ellos hubieran intervenido en el desarrollo de manera activa. 

Por último, el adulto debe mantener con el niño una relación paciente y respetuosa.

Es probable que si estamos acostumbrados a ayudar a nuestros hijos en sus movimientos, nos resulte difícil no precipitarnos a intervenir en su desarrollo motor: uno, como padre, quiere lo mejor para sus bebés; y que aprendan a moverse rápidamente y sin contratiempos puede parecernos parte de ese “darle lo mejor”.

 Pero informarnos sobre distintas corrientes y estudios referentes a su desarrollo, y considerar darles una oportunidad, puede ser beneficioso para ellos y, como consecuencia, también para nosotros.



jueves, 10 de diciembre de 2015

Psicomotricidad infantil para bebés entrevista realizada por www.sleepaa.com/


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Hoy hablamos con una experta en psicomotricidad infantil, Gloria Atenea Martín, que va a explicarnos el papel de la psicomotricidad para bebés, y cómo lo aplica con los peques en la escuela infantil Nuevo Vergel.
Podéis visitar su blog especializado en psicomotricidad: El avión 😉 100% recomendable.

¿Qué es la psicomotricidad infantil?

La Psicomotricidad Educativa es un proceso de ayuda que acompaña al niño/a en su propio desarrollo madurativo, que va desde la expresividad motriz al movimiento tónico-emocional. En las sesiones de psicomotricidad, el cuerpo se convierte en un instrumento que ayuda a desarrollar tanto conocimiento como comunicación, relación y afecto.
Además, facilita experiencias motoras, cognitivas y afectivas, que permiten al niño construirse una buena relación con él mismo y con el mundo exterior.


Debes saber que...

¿Cuál es el objetivo de la psicomotricidad?

  • Favorecer el dominio del movimiento corporal
  • Facilitar la relación y la comunicación con los demás, el entorno, los objetos y el mundo en general.
  • Posibilita el autoconocimiento, el autocontrol, saber ponerse en el lugar de los demás.
  • Estimular la capacidad sensitiva (sensaciones del propio cuerpo).
  • Educar la capacidad perceptiva (tomar conciencia de su cuerpo).
  • Estimular la capacidad representativa y simbólica.
  • Desarrollar la comunicación y el lenguaje corporal mediante el movimiento corporal.

¿Cuál es el papel de la persona encargada de coordinar los ejercicios?       

¿Qué debe hacer un psicomotricista-

El psicomotrista acompaña al niño/a en su proceso madurativo: debe escuchar y ser pacientecon él, ponerse en su lugar. Debe estar muy pendiente de las posturas que hace, su voz, la mirada es muy importante. Nuestra actitud es muy importante: Hay que aceptar al niño/a tal y como es, entenderlo, acogerlo y respetarlo. Debemos darle toda la seguridad y confianza que podamos. Por último, las normas que les vayamos dando deben ser muy claras y muy sencillas. Como por ejemplo: cuidar nuestro cuerpo y el de los compañeros…

¿Cómo es una sesión de psicomotricidad?

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1. Ritual de Entrada

  • Recibir a los niños/as (deben de ir descalzos y con ropa cómoda)
  • La Psicomotricista los reconoce personalmente (se les llama por su nombre)
  • Recordar las normas del aula.
  • Iniciar la sesión.

2. Fase de la expresividad motriz. El niño…

  • Vive el placer que produce el movimiento.
  • Pone en movimiento el cuerpo.
  • Descarga la energía, tensiones y conflictos (que ha acumulado en el día)
  • Logra sentir una descarga tónica hasta que alcanza una descarga emocional.
Ésta sería la fase de los juegos, los hay de muchos tipos: el juego simbólico, las vivencias personales de cada uno de los niños/as y los juegos de médicos, papás y mamás, tiendas, casitas, el lobo…
A estos se añaden otros juegos motrices como saltar, caídas, balanceos, equilibrios-desequilibrios, llenar-vaciar, parar, arrastrarse o arrastrar los elementos, esconderse debajo de las mantas, tumbarse encima de ellas. 
Es importante avisar antes de que acabe la sesión diciendo que quedan pocos minutos, para que tengan en cuenta que va a finalizar la sesión y que ahora vamos a pasar a sentarnos en las mantas para escuchar el cuento y la canción.

3. Ritual de salida

En esta fase lo que hacemos es sentarnos en una manta de actividades y contar un cuento y cantar una canción, así el niño/a pasará del Placer de Hacer al Placer de Pensar.
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¿Qué material utilizamos para la sesión?

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Entre los objetos que utilizamos están varios módulos de goma-espuma de 30×30 (Cuadrados), colchones, mesas, rampas, escaleras de goma espuma, pelotas y cubos, telas, y por último, mantas de juego Sleep AA